domingo, 18 de junio de 2017

Trabajar desde el centro en Europa



Artículo publicado originalmente en El Independiente, el domingo 18 de junio de 2017

En los días que corren hay algunos que se abonan a una especie de reinvención de la cosa pública. Términos como empoderamiento o democracia directa se convierten en los nuevos paradigmas que nos anunciarían que los tiempos de una determinada manera de hacer política habrían caducado y que la nueva política se hace de concentraciones populares en calles y plazas, de rodear a las instituciones de representación y de organizar referendos a diestro y siniestro aunque dividan y no integren a la ciudadanía llamada a votar.

Es un canto de sirena que deberíamos desoír. Quienes defienden esas tesis han leído los libros de historia que les mostraban la estrategia para hacerse con el poder, por el procedimiento electoral, pero dosificando y ocultando las verdaderas intenciones de su propósito de gobierno, para desde el poder sustituir a las instituciones democráticas por esas de democracia directa que no son al cabo otra cosa que una nueva versión de las viejas dictaduras. Buen ejemplo de ello es la “vía democrática venezolana”, que ahora pretende cerrar la Asamblea parlamentaria por una Constituyente para-Soviética, basada en la experiencia cubana… o en la tradición española de los procuradores franquistas de los tercios familiar, municipal o sindical. No importa, muchos de quienes les apoyan son demasiado jóvenes para que les hablen de Lenin o Franco, y respecto de Fidel Castro mantienen un vago sentimiento de respeto al revolucionarismo de los años 60 del pasado siglo, encarnado en la célebre fotografía del “Che” Guevara debida a Alberto Diaz y que todavía algunos lucen en sus camisetas.

Las instituciones de democracia directa no son otra cosa que una nueva versión de las viejas dictaduras

Frente a esos proyectos existe la democracia representativa, la que exige trabajar en las instituciones ofreciendo soluciones a los problemas y no nuevos problemas que alguien se verá llamado a solucionar en un futuro. Y para ello es mejor trabajar desde el centro político. No sólo porque resulte más fácil para entenderse con unos y otros, sino antes que nada por la convicción de que ya todo está ensayado, que todos tienen parte de razón y ninguno la razón exclusiva y porque las ideologías del siglo XIX ya no sirven para afrontar los desafíos del XXI. Las confrontaciones de clases de hace doscientos o ciento cincuenta años produjeron referencias políticas antagónicas que se enfrentaron en parlamentos, calles o campos de guerra; hoy ya sólo existe una gran clase media (si no consiguen algunos que se extinga) que reclama ideas y no ideologías, reformas desde las instituciones y no rupturas revolucionarias.

Las ideologías del siglo XIX ya no sirven para afrontar los desafíos del siglo XXI

Trabajar desde el centro es aspirar a representar a esta sociedad de clases medias en un proyecto integrador y mayoritario, liberal y progresista. Y profundamente democrático. De una democracia representativa en la que quienes representen a la ciudadanía dispongan de un código ético exigente, hayan desterrado definitivamente la corrupción (o se hayan dotado de medios para castigarla) y mantengan el compromiso de que la política es un servicio -quizás el mayor- a nuestra comunidad.

Esto es lo que pretenden Rivera en España y Macron en Francia. Unidos en un proyecto común de reformar y reforzar la idea de Europa como un actor global en un mundo en el que alguna superpotencia anuncia su retirada hacia el proteccionismo. La política tiene tal horror al vacío que tan pronto como alguien se va hay otro que ocupa su puesto. España y Francia, Europa, no pueden quedarse al margen y la construcción europea y nuestra presencia en los mercados debe convertirse en una obsesión para todos nosotros.

Pero eso, sin duda, sin olvidar a quienes puedan quedarse atrás en el proceso. Un proyecto integrador lo es de todos y para todos los ciudadanos. Una respuesta social, de formación o siquiera asistencial -cuando la formación ya no sirva- también deberá encontrarse en el programa.

viernes, 16 de junio de 2017

Intervención en el debate-coloquio sobre el futuro de la UE organizado por el grupo Spinelli



Notas para la intervención en el debate-coloquio sobre el futuro de la UE organizado por el grupo Spinelli. Madrid, 16 de junio de 2017

1. Relanzamiento de la UE tras el Brexit.

  • Se atribuye a Jean Monnet la expresión según la cual «si tuviera que volver a construir Europa lo haría desde la cultura». No parece que ese sea el criterio. Habría que empezar a actuar en el espacio en el que existe un mayor consenso, y este se produce en el triple ámbito de la seguridad, la defensa y la acción exterior.
  • La actitud de la nueva administración norteamericana nos exige replantear la estrategia defensiva (como ya ha empezado a hacerlo la Comisión y aprobará el Consejo la próxima semana), la amenaza cierta del terrorismo yihadista nos lleva también a priorizar un mayor entendimiento en seguridad y en inteligencia y en compartir información (recordemos que en España sólo empezamos a acabar con el terrorismo cuando hubo colaboración entre las fuerzas y cuerpos de seguridad de Francia y España)... y todo esto nos lleva a una política exterior común en la que las decisiones deberían adoptarse por mayoría cualificada y el Servicio Exterior debería integrar los servicios diplomáticos de los Estados miembros.
  • Pero no deberíamos olvidarnos de otros elementos para avanzar en la integración: el económico con la unión bancaria, el debate abierto en el plano institucional respecto de los países que formamos parte del euro, la dimensión democrática de la construcción europea, reforzando al PE como cámara de primera lectura y situando al Consejo como cámara de segunda lectura... y especialmente reforzando el pilar social, no debemos olvidar que 15 millones de franceses fueron a los colegios electorales franceses en la segunda vuelta de las presidenciales a votar por una candidata populista o a votar en blanco o nulo: esas gentes no deberían ser olvidadas en el proyecto de construcción Europeo. Acometer la globalización exige al mismo tiempo prestar una especial atención a quienes más dificultades tienen para incorporarse a ese proceso.

2. ¿Cómo conciliar las diferentes posturas?

  • Me parece muy difícil. Entre los 27 hay de todo, los hay suspicaces con los procesos de integración económica (Suecia o Dinamarca), los hay que son reticentes en cuanto a valores y DDHH (Hungría y su "democracia iliberal", Polonia), los hay que se han negado, lisa y llanamente a cumplir el acuerdo sobre refugiados, que es un acuerdo del Consejo (los dos países mencionados y Chequia)...
  • Creo que resultará más práctico unir las voluntades de los que previamente están —estamos—dispuestos a avanzar más (en lo que se refiere a los escenarios 3 y 5 del documento de la Comisión: 3. Los que quieren más que hagan más y 5. Hacer mucho más juntos).
  • En todo caso, y al igual de lo que ocurre con la respuesta a la globalización, los países de Europa que están dispuestos a avanzar más deberían estar siempre dispuestos a incorporar a los países que ahora no quieren avanzar en el momento en que estén dispuestos a hacerlo. La Europa de las dos velocidades, construida a través del método de las cooperaciones reforzadas, no debería consolidar la existencia de una miscelánea de Estados europeos que tiendan a centrifugarse, por lo mismo que quienes no quieren avanzar más no deberían condicionar a los que quieren hacer más cosas.
  • Una Europa de dos velocidades es lo contrario de una Europa a la carta (que se parecería bastante a lo que se está produciendo ahora), que es la Europa del caos organizativo en el que nos encontramos.

3. ¿Reforma de los Tratados?

  • Cuando se acometen reformas de envergadura, de ámbito constitucional, como sin duda lo son los Tratados de la Unión, debemos proceder a través de un doble consenso: primero, que todos —Estados y fuerzas políticas europeas— quieran cambiar los Tratados y segundo consenso, que tengamos un criterio aproximado acerca de hacia dónde queremos ir: no hace falta que acordemos la letra pequeña desde ya. Pero convendría saber si queremos un servicio exterior común o no, una agenda social europea o una exclusiva de los Estados, y para los países de la moneda común, eurobonos para la deuda que se emita a partir de un momento determinado o no los queremos en absoluto, política fiscal común...
  • Tengo mis dudas de que exista el primero de los consensos, pero estoy convencido de que no existe el segundo, por lo cual supongo que la solución más pragmática es utilizar la vía que ofrece el actual Tratado, la de la Cooperación reforzada, por ejemplo, la del artículo 42 en materia de defensa.
  • Dicho sea sin perjuicio de que piense que el mejor método para construir una Europa federal sea la reforma del Tratado. Una Europa federal que nos permita constituirnos en actores globales en un mundo global en el que alguna superpotencia anuncia su retirada de ese escenario.

viernes, 9 de junio de 2017

Fernando Maura «ante la negociación del Brexit, los ciudadanos deben ser el elemento fundamental de la negociación, deben ser nuestra principal preocupación»

Fernando Maura Barandiarán, diputado de Ciudadanos​, portavoz de la Comisión de Asuntos Exteriores y de la Comisión Mixta para la Unión Europea, ha intervenido en el programa "24 horas - Tertulia temática: Especial Elecciones Reino Unido - 08/06/17"

Escucha aquí el programa completo:




  • «No tenemos más remedio que hacer de la necesidad virtud»
  • «Gran Bretaña siempre había sido el país menos europeo»
  • «El hecho de que el RU salga de la UE debe exigirnos al resto de los europeos a proceder a una integración muy ambiciosa que nos permita ser actores con una presencia global y profundizar en los aspectos económicos y sociales»
  • «Hemos de avanzar hacia una Europa federal, con unos procesos de amplia integración y en los que España debería cobrar un mayor protagonismo»
  • «En el Congreso he recibido a ciudadanos españoles residentes en RU y británicos residentes en España, y quiero poner de manifiesto el apoyo político que debemos prestar a unos y a otros; los ciudadanos deben ser el elemento fundamental de la negociación, lo económico, la factura, vendrá después, pero los ciudadanos deben ser nuestra principal y primera preocupación»

viernes, 2 de junio de 2017

Magreb-Sahel: intervención ante secretaria de Estado de exteriores en Comisión Exteriores


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Madrid, Congreso de los Diputadods, 1 de junio de 2017.

Empezaré refiriéndome a las protestas que daban comienzo en Alhucemas y que se han extendido en las últimas semanas por varios puntos de Marruecos. Creo que deben ser un recordatorio de la amenaza que supone para la estabilidad y seguridad de nuestras fronteras con el Magreb; ese cóctel explosivo que conforman la falta de libertades y la pobreza. Otro país, Libia, todavía sufre las dramáticas consecuencias del caos en el que puede degenerar un estallido de descontento popular en una zona en la que las fuerzas del terrorismo yihadista aprovechan cualquier oportunidad para extender el terror en la frontera meridional de la Unión Europea. El antídoto más eficaz para evitar que el terrorismo del ISIS intente repetir la estrategia con la que, desde Libia, en 2012 intentó abrirse camino a Mali, es intensificar nuestros vínculos con nuestros vecinos del sur, tanto en materia de seguridad como de cooperación económica y política, con una labor preventiva para evitar nuevos incendios de consecuencias imprevisibles.

En este marco, España debería tener una especial preocupación por la solución definitiva del conflicto del Sáhara Occidental que, como se ha demostrado recientemente con el incidente de El Guergerat, constituye una bomba de relojería que mina la estabilidad de la zona y sus posibilidades de crecimiento económico y político. España debe emplear las relaciones privilegiadas que el Gobierno mantiene con sus colegas marroquíes para que Rabat se encamine en la cuestión del Sáhara Occidental por la vía del respeto al derecho internacional que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reiterado en su sentencia de diciembre. La reacción marroquí ante esta sentencia, amenazando con represaliar a la Unión Europea cortando su cooperación en materia de seguridad y emigración, ha vuelto a poner sobre el tapete que los esfuerzos realizados por el Gobierno español para contentar al Gobierno de Marruecos no bastan para evitar que España -por su posición geográfica, legal e histórica- acabe siendo el país que pague las consecuencias de lo que no es otra cosa sino el cumplimiento de las sentencias de los Tribunales.

En este contexto regional tan complejo es de agradecer los gestos con los que el ministro Dastis está intentando dar un nuevo impulso a las relaciones con la vecina Argelia, el país más extenso de África y del mundo árabe y al que los indicadores de crecimiento señalan como la gran potencia económica de la región.

La buena vecindad de España debe continuar en esa línea de intensificación de las relaciones bilaterales con Argelia con la que el ministro Dastis se ha comprometido en su reciente viaje a Argel. Como el propio ministro ha reconocido, Argelia es un socio estratégico de España, tanto en el plano económico como en el político. Argelia es un país del que los españoles siempre solemos hablar por su vertiente de aliado estratégico en el sector energético o su importante papel en la acogida de los refugiados procedentes del Sáhara Occidental en los campos de Tindouf, pero menos por su inestimable, constante y leal colaboración en la contención del terrorismo yihadista, las mafias criminales o en materia de emigración. La opinión pública española tampoco suele asociar Argelia con el papel que este país desempeña con su gran peso político en el escenario regional y africano. Se suele desconocer que Argelia se ha convertido en un elemento decisivo para la estabilidad en el espacio africano y mediterráneo, especialmente en el Sahel, donde su mediación ha sido clave, por ejemplo, para el proceso de paz en Mali.

Es muy importante que el Gobierno no se aparte de ese rumbo de desarrollo de las relaciones bilaterales con el que se ha comprometido el ministro en Argel, apostando por mayores inversiones y mayor presencia de empresas españolas en Argelia y no sólo en el campo energético. No podemos decepcionar las expectativas creadas en el Gobierno argelino que cuenta y desea que España tenga un importante papel en los planes con los que se propone diversificar la economía y desea la ayuda de España para desarrollar sectores como el de las energías renovables o el turismo. Este es un buen camino para acabar con ese desequilibrio de la política magrebí española que el Gobierno argelino nos ha reprochado tradicionalmente, al sentir que la política practicada por Marruecos lograba un trato privilegiado en Madrid a costa de los intereses argelinos.

La cooperación cultural podría contribuir también a este reequilibrio aportando los medios apropiados para acabar con el desconocimiento mutuo pese a una historia plagada de episodios compartidos.

La misma política de intensificación en las relaciones bilaterales debe perseguirse con Mauritania, otro país clave para España por su importantes relaciones económicas con las islas Canarias que no se limitan a los intereses pesqueros. Mauritania, con su proximidad a las islas Canarias es un país clave para España con su intensa cooperación en materia de seguridad contra el terrorismo yihadista y en las políticas de contención de la emigración ilegal subsahariana a través del Atlántico, con destino a las islas. Sin embargo, la ya citada reciente crisis de El Guerguerat en el Sáhara Occidental, a escasos kilómetros de la frontera mauritana ha puesto en evidencia cómo el conflicto del Sáhara Occidental pone en juego la seguridad regional, tensando las relaciones entre Marruecos y Mauritania.
Por otra parte, España aspira a ocupar un puesto en el Consejo de Derechos Humanos (CDH), el principal órgano de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos durante el periodo 2018-2020. La campaña con la que el Gobierno ha promovido esta candidatura tiene como uno de sus lemas “la firme voluntad de contribuir a la defensa y promoción de los derechos humanos en el mundo” y destaca que “España es un país profundamente comprometido con los derechos humanos, tanto en el plano interno como en el de la acción exterior del Estado”. El propio ministro de Exteriores ha subrayado en sus eventos de promoción de la candidatura que la importancia de la prevención y de la lucha contra la impunidad en los casos de violaciones de derechos humanos como requisito indispensable para asegurar la paz y la seguridad y que si el próximo otoño el Gobierno logra el triunfo en esta difícil carrera frente, se compromete a trabajar por la libertad, la justicia y el estado de derecho.

No se puede estar más de acuerdo con estos argumentos y propósitos. Por ello, en caso de que el próximo otoño España logre triunfar en este complicado objetivo en el que se enfrenta a competidores tan duros como Francia y Australia, España debería empezar por actuar de manera más activa en el ámbito, tanto geográfico como de responsabilidad más próximo, como es el caso del Sáhara Occidental, del que la ONU sigue considerando a España su tutor legal. Se trata del único conflicto del mundo en el que España tiene un papel que cumplir por estricto cumplimiento del derecho internacional, vínculos históricos y esa solidaridad y sensibilidad con los derechos humanos que, como muy bien ha dicho en reiteradas ocasiones el ministro, está muy arraigada en el sentir de los españoles con todas las víctimas de los derechos humanos, pero más aún con este pueblo que ocupa un lugar muy especial en el corazón español por historia, cultura, lengua y proximidad geográfica. España, aún potencia administradora de iure, debería ser la primera nación en luchar por la libertad, justicia y respeto de los derechos humanos para el pueblo saharaui, activando la solución de un proceso que desde 1991 permanece enquistado; denunciando las repetidas violaciones de los DDHH que se practican en Marruecos especialmente en contra de la población saharaui bajo su control o, por ejemplo, velando por el cumplimiento de la sentencia europea que el pasado mes de diciembre confirmó que la explotación y comercio de los recursos y productos del Sáhara Occidental por parte de Marruecos es ilegal.

Hay además una acción de prevención de esa impunidad que el ministro ha señalado con acierto que es clave para asegurar la paz y la seguridad internacional que España debería afrontar de inmediato si lograse, como esperamos, triunfar en esa carrera por ocupar un asiento del Consejo de Derechos Humanos: trabajar para que los cascos azules de la Misión para el Referéndum del Sáhara Occidental de la ONU (MINURSO) deje de ser la única misión de mantenimiento de la paz moderna de la ONU que carece de mandato en materia de derechos humanos.

En definitiva, reequilibrar nuestras relaciones en la región y hacerlo desde el consenso, que debería presidir a ésta como política de Estado con mayúsculas, al que ofrezco como siempre el concurso de nuestro grupo.

viernes, 12 de mayo de 2017

El futuro de Europa

Madrid, 11 de mayo de 2017
Intervención en el debate organizado con el mismo título por la Fundacion Alternativas





El populismo se está frenando en Europa, pero en rigor no puede decirse que haya sido derrotado:

·         10,6 millones de franceses votaron por Marine Le Pen el pasado 7 de mayo.
·         Geert Wilders ampliaba en Holanda su resultado electoral en las elecciones generales.
·         Casi el 52% de los británicos dijeron que preferían abandonar la UE.
·         Los gobiernos de Hungria y Polonia se instalan en eso que llaman democracia iliberal y se niegan a asumir el compromiso del Consejo en lo relativo a las cuotas de refugiados.
·         Entre nosotros, Podemos, obtuvo más de 5 millones de votos en las últimas elecciones generales.

Un populismo que ha sido el resultado de una crisis,  asociada a la globalización, que ha dejado a muchos millones de europeos literalmente en la cuneta. Como decía Macron este domingo en la explanada del Louvre, es nuestro deber escucharlos para intentar resolver sus problemas.

Un populismo nacionalista, basado en la idea del "nosotros" que habría que definir más bien como el "no-a-otros", que es también el miedo al que no es como nosotros.

Y frente al populismo, Europa debe recuperar el relato de un proyecto de éxito, si no lo hace no seguirá siendo Europa.

Ahora que nos referimos a posibles escenarios de una doble nacionalidad (británicos residentes en los países europeos, residentes en Gibraltar que quieren seguir siendo europeos...), quizás podamos referirnos a la idea de la ciudadanía europea, que es en realidad una ciudadanía de 2º orden para los nacionales de los diferentes Estados miembros. (Somos ciudadanos europeos en la medida en que lo somos españoles, italianos y franceses). Sólo cuando Europa proporciona estabilidad y crecimiento económico, redistribución de la riqueza crece la afección o el afecto por Europa. Y cuando esta situación no se produce, las gentes dejan de sentirse cómodas en Europa, se refugian en los viejos Estados-nación y crecen los populismos.

En definitiva, que hay una especie de pacto de los ciudadanos europeos con esta ciudadanía, un pacto condicionado a que las cosas funcionen. No es como el lema del escudo de Chile, que dice: "Con la patria, con la razón o sin ella". A Europa le exigimos
que tenga éxito. Es más, la culpamos de los problemas que nuestros gobiernos son incapaces de resolver en muchas ocasiones, la insolidaridad de unos o el despilfarro de otros, por ejemplo.

La solidaridad, la cohesión, la reducción de la desigualdad y la adhesión a los valores comunes constituyen elementos básicos en la construcción europea.

Y este relato de éxito debe producirse sobre la doble base del crecimiento y la redistribución, siempre sobre la idea de que cuadremos las cuentas (nadie puede instalarse de modo permanente en la idea de gastar más de lo que ingresa. Cualquiera de estas dos situaciones (crecimiento y redistribución) que no venga acompañada por la otra, abocaría al fracaso al proyecto europeo. Una Europa que no será ya ni una Europa de dos o de tres o de las velocidades que sean, sino de un proyecto fracasado.

Sabemos que no es fácil, que las presiones demográficas no ayudan y el envejecimiento poblacional empuja hacia la dirección contraria; que la globalización nos impone modificar muchas de nuestras convicciones, reforzar la idea de la formación continua y la adaptación a éstos nuevos paradigmas; que padecemos una cierta fatiga del consumo en una sociedad básicamente opulenta, que ya tiene de todo..

Pero debemos insistir y, para que eso no fracase, propondría un decálogo de actuaciones:


  1. Fortalecer el principio de la igualdad de oportunidades.
  2. El rechazo a crear sociedades de ciudadanos desmotivados que no sean capaces de asumir su propio futuro. 
  3. Redoblar los esfuerzos en orden a facilitar la adaptación de los ciudadanos a las nuevas formas de empleo y de vida y de promover su capacidad de iniciativa en este nuevo contexto. 
  4. Rechazo al proteccionismo, y defensa del libre movimiento de los ciudadanos. 
  5. Libertad de competencia y de acción de los agentes sociales en un marco legal que asegure la libertad de oportunidades y la protección de los más débiles (Trabajadores, PYME, auto-empleados...). 
  6. Diálogo social. 
  7. Combatir las dinámicas de desigualdad. 
  8. Es intolerable que en Europa subsistan casos de pobreza extrema y aún prolongada. 
  9. Apoyo de la convergencia social sobre la base de unas bases generalmente aceptadas. 
  10. Somos conscientes de que la Europa social tiene sus dificultades financieras, pero habrá que establecer prioridades que la hagan posible.

En suma, combinar la Europa de las oportunidades con la Europa de la protección.

En todo este sentido, la creación de empleo, el tipo de empleo, el funcionamiento eficaz de los mercados de trabajo, los costes del trabajo y los salarios...

Ya a partir del Tratado de Lisboa, con la introducción de su cláusula social, los objetivos sociales son ya de obligado cumplimiento en el interior de la UE.

En cualquier caso, las posiciones proteccionistas son un error, consisten en mirar hacia atrás para no enfrentarse con el futuro, que siempre estará allí y por lo tanto tendrá su retorno.

Europa es el espacio natural de respuesta a las insuficiencias de los estados-nación, para la seguridad común, la defensa, una política exterior, una economía más integrada y más justa, la unión fiscal, la energía, la agenda digital... también la solución al difícil problema de refugiados e inmigrantes.

Un relato de éxito recuperado.

Pero es que Europa no sólo es el espacio natural para nuestra convivencia. Es que, según las previsiones que nos hacía ayer el Comisario Barnier, para 2050 ninguno de los países europeos estaría por separado en el G-8. Una economía europea Unida lo estará siempre. Pero Barnier venía a decir que la suma de los 27 sumandos no equivale a que se trate de una categoría distinta. Seguiremos siendo 27 economías a la búsqueda de una integración, como en la obra teatral de Pirandello.

La victoria de Macron en Francia constituye, a mi modo de ver, dos cosas: el freno del populismo y la oportunidad de que se empiece a recorrer un camino de refundación Europea. Un camino difícil, pero imprescindible. Los populismos no han desaparecido todavía, serán las buenas políticas de los demás las que acaben definitivamente con ellos.

Un camino, el de Macron, que —todo lo augura— deberá ser recorrido con urgencia, toda vez que el impulso que le conduce al nuevo Presidente de la Republica le permita consolidar su victoria en las próximas legislativas de junio. Serán tres, a lo sumo seis meses decisivos para el futuro de Francia y el de Europa, que es el nuestro al cabo.

Francia y Alemania, junto con España e Italia, que también tiene su populismo propio -no lo olvidemos- deberán ser los puntos esenciales de apoyo de esta nueva Europa relanzada o refundada.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Intervención en la comparecencia de Michel Barnier

Congreso de los Diputados - Comisión mixta para la Unión Europea
Comparecencia de Michel Barnier, negociador de la UE para el Brexil. 10 de mayo de 2017

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En algún medio de comunicación he leído que usted, como amante del senderismo y los paseos, es partidario de la fórmula que consiste en poner un pie delante del otro y evitar los obstáculos. A mí, que también me gusta pasear, le diré que además de las dos características que usted cita conviene también mirar hacia arriba y saber hasta dónde se quiere llegar. Después de escucharle estoy convencido de que también lo sabe.

Empezaré por interesarme por los ciudadanos, que son el elemento prioritario en la negociación. Los europeos que viven en el RU y los británicos que viven en los 27 países europeos. Esos 4 200 000 personas que necesitan de certezas, como usted ha afirmado.

¿Considera usted que el derecho a la residencia, por sí solo, resuelve su problema? ¿O habría que extender al de residencia algunos otros Derechos que hasta ahora eran indivisibles, tanto para los ciudadanos europeos como para los británicos?
En el caso de que no exista acuerdo respecto del cheque a pagar por RU por sus compromisos contraídos o un acuerdo genérico respecto de la relación futura entre RU y la UE, ¿el acuerdo con respecto a los ciudadanos tendría alguna complicación? O dicho en otras palabras, ¿está la CE dispuesta a convertir a los ciudadanos afectados en rehenes de la negociación? Siempre en el mismo sentido, ¿considera que el caso de Groenlandia en 1985 podría ser un precedente a ser tomado en cuenta en la negociación? Me gustaría que nos ofreciera una explicación a este asunto, que ya digo, es nuestra principal prioridad.

Hay una segunda preocupación para nuestro grupo parlamentario, que es la de las PYMEs, elemento esencial para la creación de empleo y componente fundamental de la clase media y trabajadora Europea. Consideramos desde Ciudadanos que este sector social -a diferencia de las grandes empresas- es el que menos preparado está para defender sus intereses en el proceso de negociación. ¿Tiene la CE establecido un estudio respecto de la incidencia del Brexit en la PYME Europea? ¿Han propuesto alguna línea de actuación respecto de sus intereses específicos?

Existe también una inquietud en relación con el grado de unidad de los 27 en el proceso de negociación, que no debería permitir la existencia de aproximaciones de carácter bilateral entre el RU y algunos -o todos- de los 27 en beneficio de RU y en perjuicio de la UE. ¿Han establecido desde la CE algún procedimiento que impida o dificulte esta posibilidad? Más en general, ¿considera usted que la Union está lo suficientemente unida en el proceso que se iniciará después de las elecciones británicas?

La negociación real del Brexit dará comienzo a partir de la celebración de las elecciones de junio en el RU. ¿Qué escenario prevé la CE como conclusión de ese proceso electoral? Más en concreto, ¿consideran ustedes que la previsible mayoría Tory servirá para flexibilizar la negociación o que más bien la seguirá situando en el escenario del hard Brexit, que es la formula presentada en la carta en la que el gobierno del RU activaba el artículo 50 del Tratado para la salida de este país de la UE?

Y en lo que se refiere al cheque que RU debería devolver a la UE y que, por ejemplo, el Financial Times ha elevado a la cifra de 100.000 millones €, ¿considera usted que esta cifra —o la que corresponda— será objeto de una discusión complicada entre las partes negociadoras o piensa al contrario que resultará relativamente fácil el acuerdo en este sentido?

martes, 9 de mayo de 2017

Posición de Cs ante la PNL sobre la crisis institucional en Venezuela

Congreso de los Diputados. Toma de posición de Cs ante la PNL sobre la crisis institucional en Venezuela



No hay que añadir un excesivo dramatismo en el escenario que se desenvuelve a diario ante nuestros ojos en las redes sociales o en las pantallas de televisión. No es preciso, ya la situación es más que dramática. Es simplemente insostenible.

Y se trata de una situación que empeora día a día. Casi 40 muertos, pretensión de vaciamiento de las instituciones por el gobierno -de sustitución del Parlamento-, agresiones continuas al estado de derecho, 167 presos políticos, la apertura de un nuevo proceso constituyente que derrumbe todos los vestigios que aún quedaban de democracia en Venezuela...

Acabar con una Constitución que ni siquiera era la anterior al régimen chavista, que no era tampoco la de la oposición.

Para inaugurar un régimen basado en la dictadura pura y dura, la dictadura de los soviets, de una oligarquía política instalada en el saqueo de la única industria que le queda al país, la del petróleo.

Pero una nueva Constitución para evitar, sobre todo, la llamada a la voluntad popular, a las elecciones. Porque no se está dispuesto a reconocer su resultado, cuando éste les es adverso, como ha ocurrido después de las elecciones legislativas de 2015, .

En tanto que la inflación crece de una forma superlativa (del 550% en 2016 y prevista del 741%, por ahora, para el año en curso), no hay medicamentos, el desabastecimiento es un hecho generalizado, la gente se aprovisiona de comida en los basureros.

Pero los ciudadanos venezolanos ya han dicho que no están dispuestos a admitir que este estado de cosas continúe. Y han invadido, pacíficamente, las calles y las plazas de las ciudades para reclamar un cambio. Y lo hacen con la valentía de los desesperados, de quienes ya no tienen nada que perder. Lo hacen frente a la represión policial y a las balas de los servicios parapoliciales de Maduro.

Es la hora de rendir un homenaje publico a ese pueblo valiente, insobornable, resistente... que es el pueblo venezolano. Nuestro reconocimiento, el de los españoles, a través de su máxima representación parlamentaria. Lo que estamos haciendo esta tarde.

Está tarde tenemos entre nosotros a una representación de ese pueblo, en la que se encuentra Mitzy Capriles, la mujer de Ledezma, a quien tuve la oportunidad de visitar en Caracas, en arresto domiciliario. Sea bienvenida, ésta es también su casa.

Un homenaje al que todos; todos, repito, los diputados de esta Cámara deberíamos sumarnos. Incluido el grupo o los grupos parlamentarios que nunca se suman a las causas que son justas porque en realidad ellos no están, ni creo que estarán nunca, con la justicia ni con la libertad, sino con la represión y la negación de los DDHH. Amigos de Maduro y de la revolución bolivariana, la misma que por lo visto pretenden instaurar en España.

En cualquier caso, reciban o no la solidaridad de todos los grupos parlamentarios, serán los venezolanos, sin embargo, quienes recuperen la libertad a que tienen derecho.

Pero tenemos que decirles algo más, decirles que no están solos, que España, la Unión Europea no está dispuesta a permanecer impasible ante el gravísimo y diario deterioro que están sufriendo,
Decirles, por ejemplo, que no estamos dispuestos a mirar hacia otro lado. Que nunca miraremos hacia otro lado ante la vergüenza, la conculcación de los DDHH, la conducción de todo un pueblo hacia la deriva de la miseria. Nunca miraremos hacia otro lado.

¿Está dispuesta España, la Unión Europea, a que continúen los episodios de masacre de la población civil como los que está viviendo Venezuela? ¿Está España dispuesta a asistir indiferente a lo que está ocurriendo en un país hermano, ligado por la historia y la cultura a nuestro país, como es Venezuela?
Y lo digo con un ejemplo, que ya es un paradigma: ¿estamos dispuestos a aceptar impasibles que el régimen de Maduro mantenga incomunicado durante 35 días a Leopoldo López, sumiendo en la zozobra y en la angustia a su familia, a sus seguidores, al pueblo venezolano a los demócratas españoles y de todo el mundo?

Ante esta catástrofe en que ya se ha convertido Venezuela, España puede hacer dos cosas diferentes, opuestas: mirar hacia otro lado, afirmar que es posible un diálogo, que será utilizado por el régimen de Maduro sólo para ganar tiempo y consolidar su dictadura... O liderar una respuesta internacional en favor de la democracia, del retorno a las libertades en Venezuela.

Y para liderar está respuesta europea, internacional, hay que empezar por marcar distancias con ese régimen opresor, llamar a consultas al embajador de España -como se lo ha pedido Ciudadanos-, apelar a la Alta Representante, Federico Mogherini, y articular la más firme respuesta ante este desastre político, humano y social que están viviendo los venezolanos.

Ciudadanos votará está PNL del Partido Popular, pero exige y exigirá en todo momento que nuestra diplomacia y nuestro gobierno se adentren en el buen camino de cumplir con su obligación ética y política.

Desde el respeto a las libertades, desde los valores que compartimos, desde la dignidad, entendemos que no cabe otra respuesta.
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