martes, 20 de febrero de 2018

Una parte del cielo... (Relato de un viaje. Palestina. Enero de 2018) 3/8

Domingo, 14 de enero

El día comienza con una encuesta de intención de voto publicada por El País: Ciudadanos sería el primer partido si hoy se produjeran las elecciones. Muy pronto el sondeo se convertirá en motivo recurrente para las bromas. Obtenido el gobierno, (siempre según el chiste), el Ministerio de Exteriores sería para mí -según Soraya Rodriguez- y ella repetiría en la Secretaría de Estado de Cooperación que ya asumiera con Zapatero-Moratinos.

Bromas aparte, las reuniones del día dan comienzo con la visita a la Media Luna Roja, que será una reunión coral.

Su principal responsable nos asegura que existe una buena relación con la sociedad civil y con las instituciones españolas, a la vez que hace un elogio de la posición española respecto del conflicto de Palestina.

Uno de los esfuerzos de la Media Luna palestina ha sido su incorporación a la organización de la Media Luna Roja internacional, de la que es miembro desde el año 2006, habiendo llegado al Consejo de esta. Y lo han conseguido a pesar de que no es habitual dicha condición si la entidad correspondiente no lo es de un Estado independiente.

Con este motivo nos hace un relato de la historia de su organización que existe desde la Primera Guerra Mundial. Son 50 años de vida.

Su lugar de trabajo se sitúa allá donde exista población palestina. Incluye, por lo tanto a ésta, pero también a Egipto, Líbano...

A continuación nos explican la situación de los servicios médicos. El incremento en el número de ambulancias, por ejemplo, que ha pasado desde las 45 de que disponían en el año 2006 a las169 con que ahora cuentan.

Una de sus puntas máximas de trabajo se produce con ocasión de la intervención del ejército israelí, del que aseguran que utiliza estrategias diferentes entre los palestinos. Cita el caso de la decisión de Trump (que será motivo recurrente en nuestra visita) de trasladar la sede de la embajada de los Estados Unidos a Jerusalén. A partir de entonces (y debido a las movilizaciones producidas por la población palestina) el ejército ha exagerado el uso de las armas.

Se han contabilizado 6.700 heridos desde la primera semana de diciembre hasta la primera de enero. Una quinta parte de éstos lo han sido por armas de fuego, el 30% por balas de goma y la mitad por gas. Y existen muchos tipos de gas, nos dicen, el empleado por el ejército resulta particularmente tóxico.

Los ataques del ejército se dirigen también a los servicios comunitarios y a los trabajadores de los medios. El objetivo es el de que se alejen de los heridos y no les ayuden, en el primer caso, y el de que no informen de lo sucedido, en el segundo. También interceptan las comunicaciones de las ambulancias.

Tienen problemas con los repuestos de sus ambulancias, como consecuencia del bloqueo impuesto en la franja de Gaza.

El segundo relator de la Media Luna Roja Palestina concluye haciendo un elogio de los 1.500 voluntarios con los que cuentan.

Nuestro tercer relator insiste en que los colonos israelíes no respetan su trabajo. Dos miembros de la organización murieron en Gaza en 2014 y no fue por error, aseguran: estaban dentro de las ambulancias. En conjunto han perdido a 20 personas.

Les acusan de transportar a terroristas. También de no atender a soldados israelíes, lo que es falso —dicen— y fue documentado por ellos. Pero los israelíes ocultaron los partes de intervención de la Media Luna Roja palestina.

El relator que le sigue en el uso de la palabra se refiere a la financiación del organismo: 1/3 de la misma la paga la Autoridad Nacional Palestina y se va todo entera en el pago de los salarios, hasta algo más de la mitad de los mismos (son 400 voluntarios). Otro tercio procede del apoyo internacional: la comunidad internacional, Cruz Roja, ONG, ONU. El tercio restante se financia por servicios ofrecidos por la Media Luna palestina pagados por los ciudadanos.

En este sentido subraya la importancia del apoyo internacional. En concreto explica que España apoya el programa de lenguaje de signos para sordomudos, porque también cuentan con trabajos para discapacitados. Y la Cruz Roja española apoya a los refugiados palestinos en el Líbano.

Nos habla ahora de los refugiados palestinos. Dice que no pueden trabajar en los campos, que son como cárceles. Muchos de ellos salen de allí para dirigirse hacia otros destinos. Sólo en el Líbano puede haber hasta 600.000 refugiados procedentes de Palestina.

Los refugiados que se encontraban en Siria fueron objeto de ataque. Había unos 200.000 antes de la guerra, ahora se han reducido a 7.000 (uno de los miembros de la Media Luna Roja palestina murió en este país). Consideran que en torno a 50.000 de éstos se encuentran ahora en Europa.

Debido también a los conflictos, la población palestina en Iraq ha pasado de unos 70.000 refugiados a 6.000. También se ha producido un importante éxodo en Libia.

Toma la palabra otro dirigente de la organización que se ha convertido en una instancia coral en la mañana de este domingo. Nos dice que los problemas que existen en la franja de Gaza no se producen como consecuencia del bloqueo sino de la ocupación. Porque también está el Muro, los check-points...

La enfermedad —dice— es la ocupación, los síntomas todo lo demás.

Y para terminar nos piden el apoyo de la comunidad internacional, y se refieren a Europa y a Asia, con el fin de contrarrestar la influencia de los Estados Unidos. Nos cuenta que éste país ha decidido suspender su apoyo a la organización de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos (UNRWA). Aunque sólo se trate por el momento de un aviso.

Se podría llegar a cortar el apoyo a la Autoridad Nacional, pero no a la ayuda humanitaria-concluye.

A continuación recorremos las instalaciones de la organización. Muy bien provistas de recursos.

Reunión con el Consejo Nacional Palestino

Con el Consejo Nacional Palestino
El autobús nos conducirá a continuación a la sede del Consejo Nacional Palestino, que es el nombre que recibe su parlamento, y donde nos recibe una delegación del mismo.

Lleva la voz cantante el diputado Azzam Al-Ahmed, de 70 años y de larga trayectoria política. Nos dice que la representación de Palestina en España se remonta a 40 años, para a continuación añadir que prefieren que seamos nosotros quienes formulemos las preguntas.

Refiere que en ese mismo día van a celebrar una reunión para valorar la situación creada después de la decisión de Trump. A ella asistirán 95 de los 114 miembros del Consejo, participando representantes de todos los partidos. No de Hamás, que no es miembro de la OLP. Sin embargo, en calidad de observadores asistirán tres miembros de la organización que gobierna en Gaza. En esa reunión se procederá a un análisis de la revisión del proceso de paz

Nos explican que en noviembre de 2002 Palestina entraría en la ONU como miembro observador. Subraya las constantes declaraciones de Naciones Unidas sobre la ilegalidad de los asentamientos israelíes en Palestina y dice que esta organización tiene el deber de forzar la creación del Estado palestino. Un Estado que se establecería en un 22 % del territorio histórico de Palestina, que es el que definía las fronteras de 1967.

Afirma que no aceptarán la mediación de los Estados Unidos después de la declaración de Trump. Y hace referencia a la promesa del presidente Macron de estudiar el reconocimiento de Palestina en el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la UE de finales de este mes de enero y a la que asistirá el presidente de la ANP, Abú Macén.

Su propósito es acabar con la ocupación a través de la ONU, de la misma manera que ocurrió con Kosovo y Kuwait.

Y pide el apoyo de Rusia, China y de Africa (además del de Europa) y, en especial, de la Liga Árabe.

Afirma también que estudiarán la posibilidad de suspender el reconocí de Israel.

Están en la resistencia pacífica a la declaración de Trump, a la que Israel responde con armas.

Se refiere a la posible reconciliación entre Hamás y Al Fatah, que va muy lenta. Una situación que dura ya 22 años.

Para el almuerzo cambiamos de interlocutor, aunque también en éste caso se trata de un miembro del Consejo Nacional. Le formulo dos preguntas: la primera sobre las elecciones a celebrar en Palestina, dado que las últimas se produjeron en el año 2006; la segunda sobre la actitud de Arabia Saudí y su privilegiada relación con la Administración Trump.

Su primera contestación es que las elecciones se han suspendido muchas veces. Y que es preciso realizar un intento muy serio de unir a todo el pueblo palestino. Considera que podrían celebrarse en marzo o en este verano. También subraya la importancia que para ellos tienen las elecciones,

En cuanto a mi segunda pregunta afirma que lamentablemente tienen problemas con Arabia Saudí. Se refiere también al príncipe Salman, que lo dirige todo y que tiene en cuenta al pueblo, a las mujeres. Por ese lado va bien. Permite que las mujeres conduzcan y vayan al fútbol. Pero los derechos de la mujeres -afirma- son muchos más. Y ellas no pueden trabajar donde hay hombres y carecen de derechos políticos. Arabia Saudí se ha aliado con Trump en su lucha contra Irán. Pero Palestina no quiere entrar en una batalla en contra de este último país, que está en contra de la ocupación israelí. Arabia Saudí ha dado 1.000 millones de dólares a Trump, y el Presidente norteamericano debería sentirse presionado, no recibir dinero.

Trump está tratando al pueblo palestino como enemigo, lo que les lleva a cuestionar el proceso de paz —concluye—. Pero hay otros países que no son EEUU.

En respuesta a otras preguntas, nuestro interlocutor se refiere a la Primavera Árabe. Un momento de esperanza con el que terminaron los ejércitos. El ISIS, Irán y los Estados Unidos también han hecho mucho daño.

Espera mucho de Europa y cree que sería muy conveniente que España, Francia e Italia reconozcan al Estado palestino. Dice que si cualquiera de los tres expresados países latinos reconocieran a Palestina la mayoría del resto de la UE les seguiría.

El museo de Arafat

Después de almuerzo el grupo se divide. Una parte del mismo acude a entrevistarse con la familia de una joven palestina.

“La semana pasada, un video de mi hija de 16 años de edad, Ahed, resistiendo a un soldado israelí que estaba invadiendo nuestra tierra en la aldea de Nabi Saleh en Cisjordania, y se volvió viral. El contraste no podría haber sido más claro y estaba en exhibición para que todo el mundo lo viera: un soldado fuertemente armado del ejército de ocupación de Israel y una joven palestina armada con nada más que su valor y un justo deseo de justicia y libertad. Y por esa razón, ella tenía que ser castigada por Israel”, según una carta hecha pública por su padre.

La otra parte del grupo -en la que me incluyo- prosigue con el programa establecido, que consiste en una ofrenda floral en la tumba de Arafat a la que sigue una visita al museo erigido en memoria del dirigente palestino que fue inaugurado en noviembre de 2016. Se trata de un recorrido de la vida del presidente de la OLP y que cuenta con abundante filmografía que recuerda escenas de su actividad política. Me resulta especialmente dramática contemplar el reducido espacio en el que se vio confinado en arresto domiciliario por las fuerzas israelíes durante dos años.

La tumba de Arafat

Con el ministro responsable para asuntos de los prisioneros

La parte del grupo que continúa con el programa establecido tiene una reunión con Issa Qaraque, ministro palestino responsable del Comité para asuntos de los prisioneros.

El cuadro estadístico correspondiente al pasado año 2017, es de 6742 arrestos, de los cuales 156 son mujeres, 1467 niños, 14 diputados del Consejo Legislativo, 25 periodistas. Con lo cual el número de palestinos detenidos en cárceles israelíes llegaría a 6.500, de los cuales 350 tendrían menos de 18 años, 58 mujeres (de las cuales 9 serían menores), 700 padecerían enfermedad y precisarían de tratamiento médico), 10 son diputados, 29 de los arrestados lo serían con carácter previo a los acuerdos de Oslo, 10 han pasado más de 30 años en la cárcel, 450 serían detenciones administrativas y 22 serían periodistas. Todo según el informe que nos entregan.

La política de detención de niños palestinos por las fuerzas de ocupación israelíes es conocida, ya que (según otro informe) ha sido practicada desde el principio de la ocupación. De acuerdo con estadísticas y estudios, Israel ha arrestado a miles de niños menores de 18 años, sometidos a torturas y otro tipo de prácticas que atentarían a la Convención Internacional de Derechos del Niño.

Desde la segunda intifada del año 2000, las autoridades israelíes habrían detenido al menos a 10 000 niños, situados entre los 12 y los 18 años. En la actualidad mantienen a cerca de 380 menores cautivos.

La Knesset seguiría aprobando leyes respecto del tratamiento a los niños detenidos. En una, de 2/11/2015, que permite a los tribunales israelíes encarcelar a niños a partir de los 12 años, cuando hasta entonces la edad a partir de la cual se podía producir el apresamiento era de 14 años. Al mismo tiempo se agravarían las condenas contra quienes arrojaran piedras con penas de prisión podrían llegar hasta los 20 años.

Desde 1967, más de 800 000 palestinos fueron recluidos en las cárceles israelíes. Y si incluimos el éxodo acaecido tras la Nakba (término que evoca el «desastre» y éxodo que se produjo después de la guerra israelo-árabe de 1948) la cifra de prisioneros alcanzaría el número de 1 000 000, es decir uno de cada cinco palestinos.

La Nakba

Todos los 15 de mayo, los palestinos conmemoran la Nakba, que marca la pérdida, la desposesión y la injusticia históricas (según el panfleto que nos entregan) sufrido por el pueblo palestino, a través de su expulsión de su tierra natal por las fuerzas israelíes y la milicia sionista. Afectaría al 67% de su población. Se estima que en la actualidad hay entre 7 y 11 millones de refugiados palestinos en el mundo.

Todo ello a pesar de la Resolución 194 de las Naciones Unidas, que incluye el reconocimiento de su pérdida, Pena y sufrimiento, una paz viable e integral en la región, sigue sin producirse.

Para los palestinos, la Nakba es una pérdida masiva, la conversión de una cultura vibrante en otra en la que se entremezclan recuerdos dulces y amargos que se expresan en la causa nacional del retorno y de la justicia. Fueron destruidos pueblos enteros, después reconstruidos, se les adjudicaron nuevos nombres; libros; colecciones musicales y obras de arte quedaron atrás en tanto que las gentes huían para conservar sus vidas, confiando en regresar sólo unas semanas más tarde; clubes de deporte, y organizaciones sociales desaparecieron con las comunidades de las que formaban parte. Se trató de una campaña sistemática de destrucción de una nación.

Después de 70 años de desplazamiento y 50 de ocupación el asunto de los presos constituye uno de los aspectos esenciales de la solución del conflicto.

Los palestinos de Cisjordania se ven sometidos a la ley militar israelí. Los gazatíes no merecen siquiera del privilegio de ser juzgados, sus 2 000 000 de habitantes son considerados combatientes sin derechos legales y pueden ser detenidos indefinidamente. Los palestinos que viven en Jerusalén Este son considerados como residentes, no como ciudadanos, comparecen en los tribunales ordinarias pero pueden ser arrestados también de manera indefinida sin cargos.

Según la Convención de La Haya de 1907, «se considera ocupado un territorio cuando se encuentra situado bajo la autoridad de un ejército hostil. La ocupación se extiende solamente al territorio en el que dicha autoridad ha sido establecida y puede ser ejercida».

De acuerdo con el Tribunal de Justicia Internacional, Israel es la potencia ocupante del territorio palestino, lo que supone que de acuerdo con el Derecho Internacional, está obligada a cumplir requerimientos específicos en el tratamiento de las personas sometidas a ocupación. Eso incluye (según la Cuarta Convención de Ginebra, de la que Israel es cosignataria) el mantenimiento de una cierta normalidad en la vida de la población cuyo territorio ha sido ocupado, por ser considerada población protegida. También la prohibición de castigos colectivos, establecer sentencias proporcionadas con los actos juzgados, disponiendo de defensa adecuada con un trato humano durante su condena en establecimiento penitenciario situado en el territorio ocupado, con atención médica suficiente. Acceso a niveles de esparcimiento, deporte y educación, con permiso a recibir visitas regulares, no adoptar medidas disciplinarias inhumanas contra los detenidos y el traslado humanitario de éstos.

Y existen otras fuentes del Derecho Internacional que serían aplicables al caso, como la Convención de Derechos del Niño o la Convención contra la Tortura.

Finalizada esta reunión, la parte del grupo que sigue el programa se une a la que retorna de la visita a la familia de la joven palestina que se encuentra a la espera de juicio.

Un repaso a la negociación

Nos recibe ahora Xavier Abu Eid, de madre chilena y perfecto español, que nos explica el estado de las negociaciones entre Israel y Palestina.

Israel —nos dice— estableció su territorio sobre el 78% del territorio palestino, no en el 51 % cedido por la ONU. La solución de los dos Estados se basa en la resolución 67/19 de Naciones Unidas, (que admitió a Palestina como Estado observador no miembro de la organización). Y se reconoce a sí misma como Estado de los judíos.

La Palestina histórica se refiere a un área geográfica situada entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, que antes de 1948 se llamaba Palestina. La Resolución 18 de la Asamblea General de la ONU resolvió la partición de este territorio en dos: Palestina e Israel.

Antes de 1948, palestinos, judíos, cristianos musulmanes vivían juntos en la Palestina Histórica bajo el mandato británico. Como consecuencia de la Nakba de 1948, las milicias israelíes destruyeron o despoblaron 432 pueblos de Palestina y desplazaron a más de 800 000 habitantes (711 000, según la UNRWA) de sus tierras, dando inicio al exilio palestino. Un 80 % de su población, que unido a los 200 000 palestinos desplazados en 1967, supone la cifra total de 12 000 000 de palestinos, incluyendo los 2 900 000 de Cisjordania, 1 900 000 de Gaza y 1 500 000 en Israel.

Según la ANP, el número de refugiados palestinos y sus descendientes alcanzarían la cifra de 7,700.000, que no pueden volver a Palestina a pesar de que poseen tierras y tienen títulos de propiedad sobre las mismas y las edificaciones que en su caso se hayan construido en ellas. No ocurre lo mismo con con la Ley del Retorno israelí, que permite a cualquier judío su residencia, sea en Israel o en los asentamientos ilegales.

La Resolución 194 de la ONU señala, sin embargo, que los palestinos tienen derecho al retorno.

Más de 500 pueblos palestinos fueron destruidos o colonizados. Muchos de ellos reconstruidos como ciudades israelíes a las que se adjudicaron nombres hebreos.

Israel controla directamente las vidas de 6,500.000 palestinos. A todos se les asigna una cédula de identificación emitida por el ministerio de Interior israelí, que les otorga derechos en función del lugar en el que residan.

Fueron los laboristas israelíes quienes propusieron en la Knesset —el Parlamento de Israel— la idea de la ocupación: conseguir más tierra que población. Ese fue el principio de la colonización. La situación actual es que existen 200 asentamientos y 650.000 colonos. Y no se trata de una ocupación meramente administrativa, porque están los asentamientos y esta también el muro.

La frontera tiene una extensión de 325 km. y el Muro más del doble. Este último está construido en territorio ocupado en un 88% (o un 80%, según otras fuentes). Hay carreteras de uso exclusivo para israelíes y otras que sólo son para palestinos. Algo que ni siquiera hizo el apartheid sudafricano. Hay más de 500 restricciones de movimientos para palestinos -asegura- y entre palestinos.

Y ellos —los palestinos— carecen de control sobre su propia población. No pueden emitir siquiera su propia cédula de identidad (lo hace Israel).

Hay cinco grupos de palestinos —prosigue—: los cisjordanos; los gazatíes, que necesitan un permiso adicional que rara vez se les concede; los que residen en Jerusalén, que tienen una visa como turistas, que pueden perder en cualquier momento; los ciudadanos israelíes que son palestinos y, por último, los ciudadanos extranjeros casados generalmente con mujeres palestinas.

En El Valle del Jordan hay unos 10.000 colonos (con respecto a 60.000 palestinos, pero aquéllos disponen de un tercio del agua. El agua, principal recurso de la zona, que debe ser comprada por los palestinos a Israel. Si el consumo normal por habitante es de 100 litros por día, los palestinos consumen 70 y los residentes palestinos en El Valle del Jordán 30. Los israelíes recibirían unos 180. Y hay países en los que se consume más, por ejemplo en Canadá, que utiliza 300 litros por persona.

Israel explota el 90% de los recursos disponibles de agua para sus ciudadanos y vende a los palestinos el 10% restante.

Israel quiere un Estado palestino que ocupe sólo un 22% del territorio que tenía originariamente.

Nos habla de los asentamientos. Las colonias rodean a Jerusalén, una ciudad que debería ser ciudad abierta. Pero Israel está haciendo imposible este propósito.

Ineco

También se refiere Xavier a la doble vara de medir de los países europeos. Por un lado están con el Derecho Internacional, Y con Palestina, por el otro trabajan por cuenta de Israel en territorios ocupados por ellos. Y cita el caso de la empresa española Ineco, una compañía del Estado español.

Ineco había conseguido un contrato de ingeniería para la línea azul del tranvía de Jerusalén, en Israel. La empresa, dependiente del Ministerio de Fomento, lograba así su primer proyecto relevante en el país, con un valor del contrato de alrededor de 20 millones de euros, según informaron fuentes conocedoras de la adjudicación.

No se van a sentar a negociar con los americanos como mediadores —asegura. Europa podría jugar un papel.

En Israel hay hasta 57 leyes que discriminan a la población palestina.

Hay diferencias entre Al Fatah y Hamás en cuanto al reconocimiento de Israel, pero sí esta última organización entrara en el gobierno de Palestina, de facto estaría reconociendo a Israel.

Las iglesias cristianas

La comitiva se desplaza hacia una iglesia Cristiana, donde el sacerdote responsable nos explica el nivel de tolerancia religiosa que existe en Palestina. Se trata de una población muy reducida en términos porcentuales (0,9 % en Cisjordania y 1,7 % en Gaza, 9 % en total si se añaden los cristianos israelíes).

Se trata de un número corto pero activo. La religión es un factor identitario muy poderoso en estas tierras de profetas y de grandes acontecimientos místicos.

El cura es hombre amable y cercano. Sustituye en la interlocución con el mundo cristiano al patriarca Michel Sabbah (que era el que estaba previsto en el programa), nacido en Nazaret y que fuera arzobispo y patriarca de Jerusalén entre los años 1987 y 2008.

La cena (a la que nos acompañan Xavier y el clérigo) nos permite degustar la cerveza local y los vinos de Palestina, de gradación bastante apreciable.

Converso con el sacerdote, que nos insta al reconocimiento de Palestina como Estado. Yo le digo que el asunto debe situarse en la órbita de la Unión Europea. Ya sé -continúo- que no todos los países lo harán. En Europa hay dos lideres, Alemania y Francia; el primero no es previsible que haga nada por razones históricas, pero tal vez la Francia de Macron pueda atreverse. Del gobierno español, que siempre va detrás de los demás, no cabe esperar gran cosa.

lunes, 19 de febrero de 2018

Una parte del cielo... (Relato de un viaje. Palestina. Enero de 2018) 2/8

Sábado, 13 de enero

Nuestra cita matutina es a las 8,30. Tomaremos un autobús que nos conducirá a la ciudad rodeada de asentamientos que es Qalqueiya. Pero antes de eso, en el desayuno volveremos a ocuparnos de aún no resuelto asunto de las declaraciones a los medios de comunicación respecto de nuestra prohibida entrada en Gaza.

El intergrupo corre el riesgo de romperse con el regreso de algunos de sus componentes a Madrid. Yo no llego a creer de verdad en esa posibilidad. Cualquiera que sea la actitud pacata y temerosa de nuestro Gobierno respecto de los asuntos internacionales —y de buena parte de los nacionales—, es cierto que España está con el Derecho Internacional, las resoluciones de la ONU y, por lo tanto, más cerca de Palestina que del gobierno de Israel. Tengo serias dudas de que cumplan con su amenaza.

Pese a todo se lo digo a Soraya RodrÍguez, junto con mi opinión de que de las declaraciones serán responsables quienes las hagan. Carmen Quintanilla se acerca a nosotros y yo sigo manifestando que el intergrupo no es ninguna institución parlamentaria sino un conjunto de amigos de una causa, de un pueblo, de un país... Por lo tanto, nadie podrá intervenir en nombre del grupo, salvo que el contenido de lo que se vaya a decir haya sido previamente pactado...

— ... Lo que es imposible -asevera Soraya Rodriguez rematando mi frase-: estamos en las antípodas.

Con eso nos vamos al autobús y emprendemos un viaje de una hora y media en el que podemos observar numerosos asentamientos israelíes que rodean Jerusalén de modo generalizado. Su imagen y su extensión nos acompañarán durante el resto del viaje.

Qalquelya

Reunidos con las autoridades, estas nos hacen su relato. Dicen que la ciudad sufre la ocupación israelí. Está flanqueada por cuatro muros y carece de comunicación con el mundo. Sólo dispone de un acceso, controlado por un check-point israelí. Viven hacinados —afirma— 55 000 habitantes (wikipedia afirma que cerca de 42 000, según el censo de 2007), lo que produciría —siempre según wikipedia— una densidad poblacional de unos 1.600 habitantes por kilómetro cuadrados (Madrid tendría unos 5.300). Pero según sus autoridades debería vivir en Qalquelya solo una décima parte, El hacinamiento de esta ciudad se debería en su mayor parte al déficit constructivo. Llevan —según nos dicen— más de 10 años pidiendo a Israel que les permita elevar nuevos edificios, pero esta petición resulta invariablemente rechazada.

Existen dos asentamientos que —estos sí— construyen casas y anexionan terrenos. Pero sus colonos se han manifestado en contra de que se edifiquen casas en Qalquelya.

En un mapa pegado detrás de donde me siento se muestra la condición de ciudad sitiada de esa población. El alcalde nos explica que esta situación dificulta el aprovisionamiento básico (leche para los niños, medicamentos...) Nos dice también que la prioridad de Israel es la seguridad de los colonos.

Los qalquelyanos viven de la agricultura, pero sus productos no tienen suficiente calidad. Necesitan más agua. Y, en todo caso, solo pueden exportar a través de Israel. Y todo eso se complica más con su situación de aislamiento: solo se les permite entrar tres veces al día a su ciudad. No les es posible comprar fertilizantes ni productos químicos. Y, para colmo, los jabalíes se comen sus cosechas y no pueden utilizar armas para cazarlos.


(Con las autoridades de Calquelya).

En el ámbito de la cultura piden intercambio, apoyo en la concesión de becas, ayudas para mejorar la calidad de las universidades...

Concluida la reunión, que es inmortalizada a través de la correspondiente foto, nos dirigimos al exterior para ver más de cerca el muro construido por Israel.


El Muro

Nada más descender del autobús, podemos advertir un olor nauseabundo, que procede de aguas fecales cuya imposibilidad de eliminación los palestinos achacan a los israelíes. La contaminación de las cosechas en las huertas circundantes es su consecuencia.

Nos desplazamos hacia otra zona del Muro, en la que una de las autoridades municipales nos asegura que, más allá de la edificación separadora, dispone de un huerto y que dada la restricción de paso apenas si lo puede cuidar.

También nos enseñan los materiales empleados por los soldados israelíes para dispersar a los manifestantes palestinos. Entre los restos podemos observar balas de goma, de gas lacrimógeno y otros.

También nos dicen que, en ocasiones, los soldados rompen los certificados de paso por el muro y que, una vez destrozados, son muy difíciles de reponer cuando no resulta imposible.

Dejamos el Muro, pero su visión permanente no nos abandonará a lo largo de nuestro viaje,

Sebastia

A continuación el autobús nos conduce a la población de Sebastia, que tiene una antigüedad de 5000 años y cuenta con un gran valor arqueológico. Sebastia esta situada en el curso del viaje de Jesucristo desde Belén a Nazareth (que es de unos 150 kilómetros). Allí nos espera un suculento almuerzo.

En el foro de Sebastia
Se han emprendido un amplio conjunto de excavaciones en esa población desde principios del siglo XX, datando su nacimiento en 3.200 años antes de Cristo —Edad de Bronce. Sebastia fue capital política y administrativa cultural durante la Edad de Hierro, entre los años 900 y 538 A.C. Conquistada por asirios y persas fue el mayor centro urbano en la época griega (300 años A.C.). Durante el periodo romano constituiría parte de la provincia de Siria y fue concedida a Herodes 30 años antes del nacimiento de Cristo para que la gobernara en nombre de Roma, quien la rebautizó como Sebaste (Grande o Reverencial)

El foro (en el que nos sentamos para escuchar la explicación) es de la época romana.

En el periodo bizantino (300 a 600 años D.C.) se construyeron dos Iglesias dedicadas a San Juan Bautista (donde se dice que fue ejecutado), y en la época de las Cruzadas (1.100 a 1.300 años D.C. aproximadamente) se construyó una gran catedral que en parte se transformaría en mezquita.

El bien provisto almuerzo de Sebastia
Nablus

Desde Sebastia nos dirigimos a Nablus, una ciudad viva que a esa hora de la noche (como ha he tenido la oportunidad de advertir, en Palestina anochece muy pronto, sobre las 5 de la tarde) la gente frecuenta las calles y recorremos el zoco que durante unos minutos. En algún momento se encuentra cubierto por un techado que me recuerda vagamente al de Damasco. ¿Cómo se encontrará ahora? ¿Y el de Aleppo?

Nadie hace compras. Acaso algunos dátiles poco antes de concluir nuestro recorrido.

Pero algunos tienen tiempo para ingerir un dulce clásico de la zona, compuesto a lo que parece de queso y una buena dosis de azúcar, y de la que queda constancia documental.

Un dulce en Nablus

De regreso al hotel, acepto la invitación a una cerveza que me hace Pablo Bustinduy. Con él y sus compañeros de Podemos comparto alguna reflexión sobre el Parlamento Europeo y sus diferencias con el sistema de funcionamiento que existe en el Congreso de los Diputados. También sobre nuestras diferencias y concomitancias.«Al menos nos ocurre como con los relojes parados: dos veces al día damos la hora correcta», asegura Pablo.

domingo, 18 de febrero de 2018

Una parte del cielo... (Relato de un viaje. Palestina. Enero de 2018) (1/8)


Viernes, 12 de enero.

A mi llegada al “satélite" de la T-4, compruebo la puerta de embarque de mi vuelo a Tel Aviv. Tengo la sensación de que voy un poco retrasado en relación con los restantes colegas, el chat de whatsapp de nuestro grupo decía que todos (casi todos, según podría comprobar enseguida) habían llegado ya y quizás esperaban su turno en la cola para entrar en el avión con destino a la actual capital israelí. Pero la voz siempre animosa de la diputada Quintanilla (PP) alivia mi puntual agobio. Está comprobando el embarque de un ciudadano que viaja a Londres que no parece familiarizado con el aeropuerto. Carmen Quintanilla ha decidido convertirse en su ángel de la guarda y le repite que los políticos “somos gente normal”, a lo que el ciudadano en cuestión responde con un cabeceo afirmativo que me resulta escasamente cómplice.

Le acompaña la diputada de Valladolid, también del PP, Raquel Alonso. Toda vez que el ciudadano ha sido oportunamente advertido de las circunstancias de su viaje nos dirigimos hacia la puerta de embarque. En media hora comienza éste. Quintanilla insiste en que nos tomemos algo en la sala vip contigua. Preferimos esperar, sin embargo.

Antonio Gutierrez-Limones (PSOE) se une a nosotros. Carmen retoma entonces su propuesta del tentempié en la sala vip y hacia allí nos dirigimos finalmente. Por el camino nos encontramos con la parte Podemita de la delegación. Saludo a mi colega portavoz en Exteriores, Pablo Bustinduy. Ellos se dirigen a la cola, nosotros a la Coca-cola.

En la sala vip se encuentra la coordinadora del intergrupo (y por lo tanto, presidenta de la delegación) Soraya Rodríguez (PSOE), que acaba de padecer un ataque de tortícolis. Soraya nos explica algunos pormenores del viaje, especialmente los relativos a las comunicaciones oficiales con el consulado español en Jerusalén y la relación con la embajada de Israel en Madrid, a quien alguno señala no ha debido gustar demasiado nuestro viaje. En todo caso, Soraya ha prometido al embajador que a nuestro regreso nos reuniremos con él.

Ya en el ingreso del avión saludo a Enric Bataller (Compromis), con quien comento alguna incidencia del otro intergurpo que nos une, el del Sáhara.

Es un viaje largo y grato. Puntual y cómodo. En 4 horas y 15 minutos estamos en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv.

Apenas ha cambiado nada, en cuanto a lo estructural se refiere, en el aeropuerto desde el año 2007, en que visité Jerusalén junto con mi amiga Maria Telleria, en un viaje que tenía para mi la característica de un cambio de ciclo vital: fallecida mi primera mujer en 2002 y la hija que tuvimos muy recientemente a esa mi primera visita a Israel, cerrado mi largo paso por el Parlamento Vasco (me había presentado como cabeza de lista por UPyD en Vizcaya en las recientes generales), mi vida tomaría en adelante un giro personal y profesional. Y Jerusalén era el Rubicón simbólico que parecía debía cruzar.

La delegación se va reuniendo en torno a una persona alta y de aspecto distinguido que viste un traje azul marino. Le conozco: es el embajador de España en Israel, Manuel Gómez-Acebo. Junto a él el vice-cónsul de Jerusalén y otros miembros de ambas embajadas españolas que nos facilitan el paso por el control de pasaportes.

El vicecónsul nos informa que nos han negado el acceso a Gaza, y Soraya Rodríguez dice que Mónica Oltra lo ha hecho recientemente. ¿Será aleatoria, circunstancial o —incluso— arbitraria la concesión de la entrada?

Gaza

Hogar de 1,9 millones de palestinos, de los que más del 70% son refugiados, desplazados por la fuerza por Israel en 1948 (según un panfleto —utilizo el término “panfleto” de manera equivalente a como se hace en inglés, como folleto informativo, sin ningún carácter despectivo alguno— que nos entregan las autoridades palestinas), Israel ha impuesto un bloqueo total sobre la Franja y ha sometido a su población a 9 años de extremadas condiciones de privación y devastación. Con una densidad de población de 5.070 personas por kilómetro cuadrado, Gaza es una de las áreas más pobladas del mundo y, como consecuencia del bloqueo, una de las mayores prisiones a cielo abierto.

La restricción israelí de movimientos a personas, bienes y otras, juntamente con tres asaltos militares violentas y sangrientos por su ejército en ocho años han devastado Gaza y son la causa de 4.000 muertes de palestinos y de decenas de millares de heridos.

El bloqueo sobre Gaza es un acto de castigo público que se mantiene desde el año 2007, pero que existía en cuanto al control de acceso y movimientos ya desde 1991. Ha impedido su reconstrucción después de las ofensivas militares de 2008, 2012 y 2014.

En el día de hoy Gaza atraviesa una extremada crisis económica. El desempleo alcanza la cifra del 43% —y del 60% entre los jóvenes. Un tercio de su superficie de cultivo no es accesible, en parte o en su totalidad, a causa del asedio israelí. Las importaciones y las exportaciones están severamente restringidas y el 90% de sus fábricas están cerradas o trabajando a un mínimo de su capacidad.

A todo esto hay que añadir que entre el 90 y el 95% de su agua no es apta para el consumo y se producen cortes de electricidad de entre 8 y 12 horas al día. Un estudio de las Naciones Unidas dice que Gaza será inhabitable en el año 2020. Otros informantes aseguran que antes, incluso.

La UN Fact Finding Mission on the Gaza Conflict (conocido como el informe Goldstone) concluyó que el bloqueo israelí sobre Gaza se produjo por razones políticas y constituye un castigo colectivo sobre la población civil, lo que está prohibido por el Derecho Internacional.

Pero nada de esto lo veremos con nuestros ojos. Al menos no en este viaje.

Una desavenencia

Emprendemos nuestro viaje a Ramallah en un microbús sobre las 17,30 (hora israelí, una hora más tarde que en España). La noche se cierra con rapidez inusitada para nosotros.

Llegamos al hotel, un confortable establecimiento del que todavía desconozco el uso que haremos de él, dado el intenso programa que se nos ha adjudicado. Una vez que nos han hecho la fotocopia de nuestros pasaportes y a la espera de que nos adjudiquen las habitaciones, Soraya Rodríguez nos convoca a una reunión en la que, entre cervezas, coca-colas y aguas repasaremos el programa.

Ibrahim —nuestro guía— va desgranando las actividades a desarrollar a lo largo de nuestra estancia. Nos habla en inglés y Pablo Bustinduy traduce para los menos conocedores de ese idioma. La reunión es cordial... al menos por el momento.

Concluido el encuentro (o al menos, eso pensaba yo) me dirijo a la habitación para deshacer la maleta y hacer alguna llamada. Así lo hago y a continuación recorro el hotel, que es una especie de centro de actividades diversas: en su planta tercera hay un espacio de juegos (una especie de reducido parque de atracciones), en la segunda un conjunto de tiendas (desde ropa a tabaco, bebidas y souvenirs y artículos de trabajo).

Desciendo a la planta baja (que curiosamente es la primera) y ahí me encuentro con tres de los.componentes de la delegación de Podemos. Pablo Bustinduy me espeta:

—¡Te has ido de la reunión! ¡Y no sabes qué bronca!

—¿Una bronca? ¡Si creía que había terminado! -le contesto.

Y Bustinduy me refiere lo acaecido respecto de la ausencia de autorización israelí para nuestra visita a Franja de Gaza. Que algunos componentes de la delegación consideraban que no debíamos hacer declaración alguna porque las mismas podrían derivar en un conflicto diplomático para nuestro país. Y que se había interpelado al vicecónsul en Jerusalén en este sentido.

—Bueno -le digo a Pablo-. En realidad bastaría con que cada uno haga, si quiere, las declaraciones que considere oportunas. Y en su nombre.

—¡Si es que los liberales tenéis respuesta para todo! -contesta.

La delegación se va congregando para tomar el autobús que nos conducirá a la cena. Y la discusión previa flota en el ambiente. Carmen Quintanilla me expresa su preocupación. Antes de entrar en el vehículo, Soraya Rodríguez nos dice que hay unos corresponsales de EFE, tanto en Ramallah como en Jerusalén, a quienes les gustaría hacer un briefing con nosotros. Carmen y yo recomendamos al unísono que sería mejor hacerlo una vez concluida —o a punto de hacerlo— nuestra estancia. Mejor en Jerusalén.


(Con Abdullah Abdullah)

Abdullah Abdullah

La cena es ofrecida por un veterano dirigente palestino, Abdullah Abdullah, quien nos hace una presentación de los problemas que atraviesa Palestina, registrando un particular hincapié en la decisión de Trump de modificar la ubicación de la sede de la embajada americana a Jerusalén y la tensión que eso está produciendo en la población. Alude Abdullah a la necesidad del reconocimiento de Palestina como Estado y a la tradicional amistad hispano-palestina. Atendemos sus explicaciones, pero me da la sensación de que aún más lo hacemos a los excelentes productos que nos son servidos (la lasaña de Iberia para la comida ha quedado bastante atrás).

Concluye la cena y nos dirigimos a nuestro hotel. El debate sobre las relaciones con los medios de comunicación ha quedado parcialmente olvidado por el cansancio de la jornada y los ahítos estómagos de los concurrentes, pero mañana será otro día que nos arrojará sobre la bandeja de asuntos pendientes los que aún no hemos sabido resolver.


[1] Utilizo el término “panfleto” de manera equivalente a como se hace en inglés, como folleto informativo, sin carácter despectivo alguno. 

viernes, 16 de febrero de 2018

El futuro de Europa




Intervención en el debate de Floridablanca, el 14 de febrero de 2018

Es oportuno referirse al futuro de Europa cuando sólo hace un par de años —o tres— todos decían que Europa no tenía futuro. La crisis económica de 2007, su pésima gestión por las instituciones europeas, el auge de los populismos hacían pronosticar lo peor. Y lo peor vino con el referéndum del Brexit de junio de 2016, que aún sigue drenando buena parte de nuestras energías.

Por primera vez desde el inicio de la crisis económica y financiera en 2007, los europeos tienen una opinión positiva de la situación actual de la economía europea (48 %, 6 puntos porcentuales más que en el eurobarómetro de la primera mitad de 2017) más alta que la negativa (39 %, 7 puntos porcentuales de más). El apoyo al euro está en su nivel más alto desde 2004 y un 57% de los europeos se muestran optimistas sobre el futuro de la UE. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en su último discurso sobre el estado de la Unión, habló de los vientos a favor que de nuevo empujan las velas de la UE.

¿De qué hablamos? ¿De Brexit o de futuro de Europa? ¿Podemos hablar de las dos cosas? ¿O la primera se va a comer a la segunda? A veces es como sentarse a la mesa y devorar el primer plato, de modo que cuando llega el segundo ya no nos queda más apetito. O que pensemos que no nos será posible comer el segundo plato antes de saber cómo hemos terminado el primero.

Pero hay una cuestión previa. Antes de saber qué Europa queremos deberíamos saber qué España va a configurar esa Europa.

Hay dos formas de entender Europa desde cualquiera de los países que la integran. Una sería la de los países que aún siguen debatiendo acerca de lo que son o pretenden ser, diluyendo así sus propias insuficiencias en un proyecto europeo, aún a riesgo de no aportar nada propio a ese proyecto; o integrando en el proyecto de esa Europa sus propias cualidades, aportando a su construcción lo que proviene de ellas mismas, de su posición geográfica, su historia, su cultura...

Algún país puede diluirse en Europa porque está en el centro de Europa, allí viven sus instituciones y porque ha renunciado a su proyecto nacional, y sigue entrampado en un constante flujo y reflujo de negociaciones entre sus regiones, que ya son naciones, en las que el todo —el país, la nación— ha desaparecido para quedar sustituido por las partes. En esa batalla histórica el Estado ha capitulado y la victoria le corresponde a las regiones.

Pero eso no no los podemos permitir otros. Por nuestra situación periférica en Europa, pero sobre todo porque somos capaces de aportar una serie de elementos positivos a la construcción de esa Europa del futuro. Nuestra propia situación geográfica y nuestra vecindad sur con el Magreb (fuente de preocupaciones pero también de oportunidades) y nuestra historia que nos ha permitido a través de nuestro idioma común la conexión con más de 500 millones de personas en el mundo.

Un idioma no es sólo un ámbito de comunicación, aunque también, es una oportunidad para la extensión cultural, los negocios... Y es también una forma de entender la vida, la sociedad, es un concepto de relación, de familia... Trabajar por la conservación y extensión del español debería convertirse en el primer objetivo de nuestra acción exterior. Pero también de la interior: no nos podemos permitir que el español avance en el mundo y retroceda en España, no debemos ceder en fragmentar nuestro espacio de comunicación aceptando que en los colegios no se enseñe en español o que nos abonemos a la ridiculez de convertir en idiomas a dialectos como el bable o a formas de hablar español como el andaluz.

España debe salir de su Brexit particular, que está consumiendo buena parte de sus energías (como le ocurre a Europa) y concentrarse en su proyecto de futuro, conectando con el futuro de Europa.

Yo, que he dedicado buena parte de mi vida política a la defensa de las libertades contra el terrorismo y de España ante el nacionalismo asisto con estupor a esa nueva versión del plan Ibarretxe que se está debatiendo en el País Vasco, la creación de una Nación Foral que consiste en una ampliación de la idea del Concierto Económico al resto de las relaciones entre el País Vasco y España, en clave de bilateralidad y, por supuesto, con el Derecho de autodeterminación (Derecho a decidir, dicen) colocado en el Estatuto. ¿No era lo mismo que lo que pretendía Ibarretxe con su Estado Libre asociado?


Pero es que ahora se pretende que esa sea el ejemplo porque el que pueda transitar el separatismo catalán, la vía Vasco a una nueva relación con el Estado, no con España, porque ya esa España ha muerto y las partes han vencido sobre el todo.

Por eso, debemos aprovechar el debate sobre el futuro de Europa para olvidarnos de nuestro Brexit particular, superarlo como si fuera una pesadilla y trabajar por un proyecto nacional conectado con Europa.

Una Europa que debe reforzar sus instituciones, que no nos ocurra lo que nos está pasando, que después del discurso de Macron en la Sorbona de finales de octubre del año pasado aún estamos a la espera de que Alemania defina su Gobierno y que los dos líderes europeos encaren las reformas pretendidas por el Presidente francés.

Los procesos electorales en los Países Bajos, Francia y Alemania, frenaron el asalto al poder de un populismo que, sin embargo, sigue vigente y en expansión, especialmente después de la formación del nuevo Gobierno de coalición austríaco. En España, el populismo sigue existiendo, un tanto debilitado ahora, aunque permanentemente al acecho de nuestros posibles errores.

Pero Europa tiene un problema básico, que es el institucional. Para ponerse en marcha precisa del liderazgo de dos países, Alemania, en especial, y Francia. De lo contrario no hay agenda europea.

Nos ocurre que las instituciones propiamente europeas existen, pero son algo parecido a gabinetes de técnicos que esperan instrucciones de los políticos. Por eso, el refuerzo político de unas instituciones propiamente europeas se convierte en una de las principales exigencias de la agenda reformista europea. No nos podemos permitir el lujo de esperar a que los procesos electorales de los países miembros despejen el horizonte político. La UE debería tener velocidad propia, una o dos, pero velocidad propia.

Pero, sobre todo, la UE debe preguntarse, ¿cómo se puede recuperar el apoyo de la ciudadanía sin que Europa deje de ser un escenario de países enfrentados, por ejemplo, Hungría y Polonia con su singular concepción de los Derechos civiles y la democracia? ¿Cómo podemos volver a la idea de Europa como solución si no se renuncia a la treta de culpar a Bruselas de todos los males? ¿Cómo puede avanzar la UE sin superar las divisiones internas que la debilitan? El Brexit y la fractura por la llamada crisis de los refugiados -pero también la imposición absoluta de la intergubernamentalidad como motor único del proyecto europeo- han impuesto una lógica desintegradora que amenaza la idea fundacional. Así lo reconoce el informe parlamentario de Guy Verhofstadt relativo a los posibles ajustes institucionales para la UE: “El método intergubernamental como bypass del método comunitario, tal y como lo definen los Tratados, no sólo conduce a un proceso político menos efectivo sino que contribuye a la falta de transparencia, a menos control democrático y menos rendición de cuentas.”

Profundizar en la idea de los Spitzenkandidaten y ampliarla a los futuros comisarios europeos contribuiría, además, a la democratización y la transparencia del proceso de designación del próximo ejecutivo comunitario.

La Comisión ha propuesto transformar el mecanismo de rescate en un Fondo Monetario Europeo y crear un presupuesto para la zona euro. Ideas ambiciosas cubiertas de interrogantes: ¿qué resistencia opondrán algunos estados miembros para dotar financieramente este fondo, qué capacidad de intervención tendrá o ante quién rendirá cuentas? La reforma de la zona euro, así como la finalización de la Unión Bancaria, no podrán ponerse en marcha al menos hasta mediados de 2018 a la espera de que Alemania tenga un Gobierno consolidado y una idea clara.

La eurozona necesita reformarse pero no solo para garantizar una mayor integración política sino también para contrarrestar el déficit democrático que ha supuesto la excepcional transferencia de poder económico, político y social, a la Comisión y al Eurogrupo sin ampliar, a su vez, la capacidad de control político del Parlamento Europeo sobre ellos.

“La Europa que protege” —el eslogan de Macron, adoptado después por el presidente de la Comisión Europea— debería superar la fase de la retórica para pasar a la acción. Una Europa estable, aunque injusta por su desigualdad, es una Europa débil. Y esta desigualdad, según la OCDE, “mina la desconfianza en las instituciones y alimenta la desigualdad política y social”., que está en el origen del voto populista.

Habría que establecer un nuevo pacto social, a nivel europeo y nacional, (como dice David Goodheart) entre los anywhere (los partidarios de la sociedad abierta, los que no temen a la globalización) y los somewhere (los que están perdiendo con la globalización, los que sienten temor ante ella). Un pacto que consista en tender a éstos últimos un puente educativo, de formación continua, de nuevas oportunidades... o de lo contrario, una red de protección.

La primera escenificación del compromiso europeo con el llamado Pilar Europeo de los Derechos Sociales quedó meramente en una declaración institucional no vinculante respecto a veinte grandes principios genéricos relativos a la igualdad de oportunidades, la protección social y las condiciones laborales. La Cumbre Social de Gotemburgo (a la que no asistió el Presidente del Gobierno español, por razón del desafío soberanista en Cataluña), celebrada en noviembre, sirvió como constatación de una idea fundamental: no habrá recuperación del respaldo perdido por parte de una población europea empobrecida si no se atacan las causas de este retroceso social.

Según datos de la Comisión, “el desempleo sigue afectando a 18,9 millones de personas (en España el 16%), la inversión sigue siendo demasiado baja y el crecimiento de los salarios es endeble”. La precarización social es una realidad alarmante.

El futuro presupuesto de la UE post-Brexit ya está en discusión . La salida del Reino Unido supone una pérdida de 9.000 millones de euros anuales para las arcas de Bruselas. La Comisión ya ha advertido que el presupuesto de la UE para 2014-2020, que asciende a un billón de euros, no es suficiente para financiar las crecientes ambiciones de la Unión. En paralelo, la UE abre también las negociaciones sobre las próximas perspectivas financieras para una Unión a veintisiete. Si bien el dilema es, de nuevo, la eterna disyuntiva de las discusiones presupuestarias (mayor aportación o recortes), el contexto resulta más relevante que nunca: una UE de 27 estados miembros, pérdida de las aportaciones británicas, desgaste social postcrisis, nuevas emergencias y necesidades políticas -fruto de las migraciones en el norte de África y el debate sobre la seguridad-, etc. Juncker cree que ha llegado el momento de abandonar el umbral del 1% del PIB que marca las aportaciones de los estados miembros. El presidente comunitario estrenó el año instando a los líderes europeos a establecer primero sus ambiciones políticas para la UE para luego discutir cómo financiar esos objetivos, en lugar de establecer un límite superior en el gasto y ajustar las prioridades a ese límite.

El debate presupuestario europeo ha sido, en los últimos años, un auténtico ejercicio de ecuación imposible. La UE se ha ido ampliando a nuevos estados miembros con un nivel de renta cada vez más inferior a la media comunitaria mientras los socios que los acogían iban recortando su aportación a las cuentas de donde debían salir los fondos que ayudarían a la modernización y al crecimiento de los nuevos compañeros de viaje.

El presupuesto comunitario debe ser el principal instrumento para fortalecer la democracia europea y recuperar la confianza ciudadana.

Los más de 2.200 migrantes (muchos de ellos con derechos, como refugiados) que murieron en 2017 intentando llegar a las costas europeas, la incapacidad de los estados miembros para cumplir con los compromisos de realojamiento de los refugiados que esperan en Grecia e Italia (poco más de 33.000 refugiados, de los 160.000 comprometidos por la Comisión, han sido realojados hasta hoy), el acuerdo con Turquía para propiciar las devoluciones y la dramática situación humanitaria en los campos y asentamientos convertidos en limbos legales sobre suelo europeo, todos estos hechos de- muestran que la Carta de Derechos Fundamentales no protege a todos por igual.

jueves, 8 de febrero de 2018

Intervención en la comparecencia del Ministro de Asuntos Exteriores, 7 de febrero de 2018



Quiero agradecer la presencia en esta Comisión del principal responsable de la política exterior del Gobierno. Una presencia que no se prodiga demasiado, sin embargo. Recordemos que en dos años y con mayoría absoluta, su predecesor, el Sr. García Margallo, había efectuado 25 comparecencias en el Congreso (además de las 9 que tuvo en el Senado). Las suyas se cuentan con los dedos de una mano en esta Comisión y eso que no tienen mayoría absoluta. Lo dejo para su reflexión y corrección posterior.

Ha empezado usted refiriéndose a la tensión producida como consecuencia del proceso soberanista promovido por los independentistas en Cataluña. Bien, por parte del Gobierno en cuanto a la acción diplomática con otros países en relación con un posible reconocimiento de la secesión. Mal, sin embargo, por parte de la línea de comunicación del Gobierno. En ese punto tenemos que darle, lamentablemente el suspenso. Lamentablemente, porque en esa mala imagen salimos todos mal, no sólo el Gobierno.

Por cierto, nosotros no pedimos perdón porque los cuerpos de seguridad actúen cuando es la ley lo que se vulnera.

En el informe anual de acción exterior que corresponde al año 2016 y que por lo tanto no es de su responsabilidad, pero que está aprobado por Consejo de Ministros de 26 de enero pasado, es decir por usted también, y en todo caso de un gobierno -este y el anterior- apoyado por el mismo partido, se dice que:

La política exterior española se asienta en un importante consenso en nuestra sociedad y entre las principales fuerzas políticas, lo que le otorga un grado apreciable de continuidad.

Lo cual, aplicado ya a 2016 es, como mínimo, algo bastante alejado de la realidad. ¿Dónde, en qué documento, en qué comparecencia parlamentaria, queda alojado ese consenso del que nos hablan? Ya en las elecciones del 20 de diciembre de 2015 y del 26 de junio de ese mismo 2016, el consenso y la continuidad que ustedes afirman, alojado en el bipartidismo, se había quebrado por la voluntad de los españoles. Faltaría entonces comprobar si estamos dispuestos a poner negro sobre blanco ese presunto acuerdo. Y los tiempos políticos con el nerviosismo que está demostrando el partido que apoya al Gobierno, no parecen los más propicios para eso. Creo, sinceramente que han perdido ustedes esta oportunidad, la del consenso.

Una oportunidad que es producto de su alejamiento respecto del Congreso. Dicen ustedes en su citado documento:

Las circunstancias internas (referidas a los meses de Gobierno en funciones) tampoco han afectado a la labor realizada por España en el marco del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en 2016.

Una “labor” que no ha sido auditada políticamente por el parlamento y que no dudaría en calificar de más bien pobre, en la que se ha mantenido el característico perfil bajo de la diplomacia española.

También se refieren en su documento a la “protección de los DDHH”. ¿Han previsto debatir en sede parlamentaria, la agenda de nuestra participación en el Consejo Internacional de DDHH de la ONU, en el que participamos desde este año 2018? Por cierto, ya en el segundo mes del año, ¿qué agenda están manteniendo ustedes?

Iberoamérica —siempre según su documento— forma parte de la identidad de España, y constituye necesariamente uno de los ejes de su política exterior en diferentes dimensiones: renovación del sistema de Cumbres Iberoamericanas; impulso de las relaciones UE-Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, apoyo a la integración regional y fortalecimiento de las relaciones bilaterales con los países de la región. Particular mención merece el apoyo español al proceso de paz en Colombia y la renovación de las relaciones UE-Cuba.

Gran cantidad de asuntos que se concentran en un solo párrafo. ¿Qué valoración hacen de las Cumbres Iberoamericanas? ¿les parecen útiles? Más aún, ¿les parecen útiles a los otros países que las integran? ¿no creen que sería preciso trabajar más en la potenciación conjunta, de igual a igual, del español, que debería ser el principal instrumento de nuestra acción exterior? ¿apoyará a nuestro idioma, dentro y fuera de España, para que no se pierda (caso de hablantes que lo abandonan en tercera generación, como Estados Unidos, o lo han perdido (como Filipinas o Marruecos)?

Y refiriéndome ya a los países americanos que motivaban nuestra preocupación y nuestra petición de comparecencia, Cuba. La visita de SSMM los Reyes a la isla se ha suspendido. Tengo que reconocerle que no nos gustaba demasiado ese viaje pocos meses antes de la salida de Raúl Castro del poder, o de una parte del poder. ¿Cuáles han sido las razones que han aconsejado esta suspensión? ¿para cuándo han previsto el viaje? ¿aprovecharán a que se presente alguna oportunidad si se presenta— de apertura en lo político y en lo económico en la isla? ¿con qué Cuba, Sr, Ministro, queremos “renovar” nuestras relaciones?

Existen una serie de condiciones que la Comunidad a Internacional debería poner al régimen cubano:

  • Que Cuba ratifique el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
  • Que se permita el acceso a Cuba de entidades independientes de análisis de DDHH.
  • Que se revisen las leyes penales para que cumplan los estándares internacionales, en especial los relativos a la libertad de opinión y de asociación.
  • Que se garantice la libertad sindical.
  • Que se ponga en libertad inmediata al preso de conciencia Enrique Cardet, líder del MCL
  • Que se establezca una agenda para la libre concurrencia de candidatos y partidos políticos a unas elecciones libres.

En lo que se refiere a Colombia, la percepción de que el acuerdo de paz alcanzado con las FARC supone el final de las violaciones de derechos humanos está muy lejos de la realidad. A pesar del acuerdo, Colombia vive desde agosto de 2016 un alarmante aumento de los ataques contra defensores de los DDHH, especialmente contra líderes comunitarios, activistas en favor del derecho a la tierra, y contra quienes hacen campaña por el proceso de paz y contra la impunidad, sobre todo en zonas rurales. Numerosos actores armados, incluidos el ELN, disidentes de las FARC, ejército y paramilitares, luchan por los territorios, y la población civil se encuentra desamparada.

El Punto Cinco del Acuerdo define las líneas sobre reparación integral a las víctimas y dice que las partes se comprometen a restablecer sus derechos y a transformar sus condiciones de vida. Por lo tanto, la investigación se ha centrado en identificar las carencias del Estado en el cumplimiento de sus obligaciones internacionales de proteger los derechos a la vida, a la integridad personal y a la seguridad de los Pueblos Indígenas y de las comunidades afrodescendientes, con el objetivo de avanzar con recomendaciones para la adopción de medidas concretas que garanticen una paz sostenida y duradera.

¿Qué está haciendo el Gobierno español para apoyar que la misión de observación de la ONU esté dotada de un componente de DDHH que complemente la función de la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, cuyo papel de vigilancia y elaboración de informes debe reforzarse?

¿Está el Gobierno español trabajando con el gobierno colombiano para que adopte medidas más efectivas para garantizar la seguridad de los grupos y comunidades en especial situación de riesgo, como los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes y campesinas, así como los defensores de DDHH?

El régimen dictatorial de Venezuela, que se encuentra tan ligado a Cuba que considera en ella su referente básica, vive un momento particularmente difícil. A la situación que analizábamos con usted en septiembre, caracterizada por la hambruna y la conculcación de los derechos políticos y sociales se le ha unido ahora el juego practicado por el régimen de descomponer la unidad de la oposición: hay partidos que se ilegalizan, hay una elección a celebrar antes del 1º de mayo para elegir un presidente sin que el proceso disponga de las garantías exigibles, hay unas conversaciones que descarrilan, hay una práctica de blanqueo (en España y en Europa) de los capitales robados por la boliburguesia venezolana, están las sanciones de la UE... ¿Qué opina España? ¿aceptará el Gobierno las presidenciales? ¿impulsará el Gobierno la investigación del blanqueo del dinero esquilmado a los venezolanos?

Y sigo con su documento. Dicen:

Hemos apoyado igualmente las iniciativas destinadas a reactivar el proceso de paz en Oriente Próximo...

Y le pregunto: ¿cómo ha ido la reunión con Mahmoud Abbas de hace escasamente dos semanas? ¿qué ideas tiene España para establecer esa reactivación del proceso, si las tiene?

Otro de los países de la región, y al que el MAEC está prestando singular importancia es Irán, al que usted visitará próximamente, ¿cuál es el objetivo de su viaje? ¿evocará usted la situación de los DDHH, sistemáticamente conculcados en ese país, como lo han hecho los dirigentes franceses?

En su documento se refieren a que,

... Con el Mediterráneo, y en particular con el Magreb, (nuestras relaciones) son esenciales, y continuamos trabajando intensamente por un diálogo fluido en la región.

La Comisión Europea y Marruecos han firmado un nuevo acuerdo de comercio el pasado día 31 de enero que afecta a productos procedentes del Sáhara Occidental contraviniendo así la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea del 21 de diciembre de 2016 que declaró que el mencionado territorio no forma parte de Marruecos y, por lo tanto, los representantes del Sáhara deben dar su consentimiento previo a cualquier negociación con la Unión Europea que afecte al mismo. El nuevo acuerdo cubre el trato preferencial de los productos de la pesca y la agricultura originados en el Sáhara Occidental.

¿Qué opinión tiene el Gobierno y qué tiene previsto hacer en la UE al respecto?

También nos encontramos aquí con un supuesto de visita de SSMM los Reyes que ha sido suspendida, en este caso por parte del Reino de Marruecos. Y le pregunto, ¿cuál ha sido la causa?, ¿cuándo se va a producir?, ¿cuál es el estado de nuestras relaciones con Marruecos?

África es también Guinea Ecuatorial, una dictadura que no atraviesa sus mejores momento. A la prisión preventiva del caricaturista Andrés Esono, se une el confuso golpe de Estado que se produjo a finales del pasado año y el posible asesinato, después de ser torturado, de Santiago Ebee Ela, que ya fue motivo de un comunicado del Gobierno, comunicado que hemos valorado de forma positiva.

Encarecemos al Gobierno alguna iniciativa en relación con Guinea Ecuatorial, su oposición democrática, sus activistas en favor de los DDHH (como Andrés Esono).

A la espera de su contestación, termino ya, la política exterior española no consiste en el nunca solos, nunca fuera... ni puede ser vicaria de ningún otro país (y no me refiero necesariamente a los EEUU). A veces tendremos que caminar en soledad, a veces tendremos abandonar el ámbito de lo gregario que nos es habitual. Y a veces tendremos que buscarnos otros socios.

Y recuperar la ambición de país, la exterior que es consecuencia de la ambición interior. Pero ninguna de ellas está presente en este Gobierno.

miércoles, 31 de enero de 2018

Europa como respuesta al desorden mundial



Artículo original publicado en El Siglo de Europa el día 31 de enero de 2018


  • Los populismos son al siglo XXI lo que los nacionalismos fueron al XIX o XX. Lo único que cambia es el pretendido ejército de las víctimas”
  • El soft power de la Unión debería convertirse en la verdadera punta de lanza de un liderazgo global basado en los valores”


Cuentan sus biógrafos que cuando los amigos del cantante y poeta canadiense Leonard Cohen le contaron, emocionados, que acababa de caer el Muro de Berlín y que finalmente ese signo de la división que separaba el mundo libre del oprimido no sería por más tiempo un obstáculo para que las gentes de uno y otro lado, y otras del espacio en el que la decrépita Unión Soviética ejercía su tutela, vivieran en libertad, el autor de Suzanne los observó poco menos que espantado, para después encerrarse en su despacho y escribir la letra de una canción que llevaría por título The Future y cuyo estribillo aseguraba,

“He visto el futuro, hermano,
Es un asesinato”.

La caída del Muro era principalmente el final de muchas de las convenciones que la Segunda Guerra Mundial nos había dejado: la paz. La libertad y el crecimiento a un lado del Muro; la opresión y la pobreza, del otro, pero todos vivíamos un mundo de certezas como producto de la estabilidad que nos proporcionaba ese escenario.

Nos acercamos al trigésimo aniversario de la caída del Muro y el desastre es ya irremediable. Al conflicto Este-Oeste le van sucediendo los innumerables pequeños-grandes conflictos que, sumados unos a otros, producen una atmósfera poco menos que irrespirable. Y algunos de ellos además traen su causa de circunstancias que no tienen mucho que ver con los dos bloques antaño enfrentados, pero cuyas consecuencias arrojan a cientos de miles de seres humanos a nuestras costas, como es el caso del cambio climático.

Algunas otras de las crisis con las que convivimos sí traen su causa de conflictos políticos, como la llamada Primavera Árabe, que acabaría como el rosario de la aurora en muchos de esos países, dejando un rastro de amargura y desazón, después de elevar al poder al radicalismo religioso, como ocurrió en Egipto; la guerra civil en Siria, escenario de una confrontación más amplia entre diferentes potencias, con el balance provisional de unos 400.000 muertos y de 1.500.000 de heridos, además de oleadas de refugiados; el enquistamiento político en el interior de los dos grandes rivales en el Magreb –Argelia y Marruecos– y el régimen de libertades –aún no consolidadas– en Túnez como único resultado positivo en términos democráticos de un proceso respecto del cual un día abrigamos grandes expectativas.

La caída del Muro nos condujo a una descomposición del antiguo imperio soviético y, con él, la llamada a las puertas del proyecto europeo y de la OTAN a los países que salían del abrazo del oso y pedían democracia, seguridad y desarrollo económico. Algunos de ellos aceptarían las reglas del juego impuestas por el Club, incluida el respeto a los derechos humanos, otros –como Hungría– simplemente han preferido mirar hacia otro lado. Ucrania se encuentra dividida por el efecto de la agresión permanente y desintegrada por la anexión de Crimea. Y Rusia ha perfeccionado además su sistema de agresión propagandística haciéndose fuerte en las redes sociales y contaminando de elementos disolventes los proyectos que determinan la unidad y la fortaleza de los proyectos nacionales en Europa –Cataluña– y en otras partes del mundo (apoyo del populismo de Trump como lo venía haciendo con el de Le Pen o Farage).

Y no será la caída del Muro, pero sí nuestra propia crisis, la del capitalismo desregulado de Lehman Brothers y la que proviene de la globalización la que produjo el severo retraimiento de la economía en algunos países del sur de Europa y el nacimiento de los populismos a uno y otro lado del Atlántico.

Los populismos son al siglo XXI lo que los nacionalismos lo fueron para el XIX o el XX. Lo único que cambia es el pretendido ejército de las víctimas (por eso se llevan tan bien entre ellos). Los presuntos afectados de antaño lo eran de los Estados opresores; los de hoy lo son de la globalización y de la crisis que provocara en las personas cuya cualificación quedaba malparada por la competencia. Y las dos son las malas respuestas, porque conducen al proteccionismo y a la introversión, cuando no al desmembramiento de los Estados y a la división irreparable de sus conciudadanos.

La globalización es un fenómeno imparable, con el que debemos convivir y, más aún, aprovechar las oportunidades que conlleva. La predisposición al cambio, desvinculada de los miedos que nos inmovilizan; la adquisición de destrezas, la formación continua... son las respuestas adecuadas, las que nos hacen fuertes y nos permitan encarar esta batalla con posibilidades de vencer.

La proliferación de las armas nucleares, y su difícilmente evitable caída en manos no adecuadas, se nos está viniendo encima con proporciones inusitadas aunque en apariencia –sólo en apariencia– no nos afecte demasiado. El conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte es un rescoldo no resuelto del conflicto Este-Oeste que reaparece con un potencial destructivo difícil de prever.

Y si los problemas son tantos y tan complejos las soluciones son difíciles y de eficacia distante en el tiempo.

Y si bien el escenario actual es de una devastación general, en la que a la pérdida de vidas humanas se le suman los desplazamientos de millones de personas, la intransigencia religiosa, el terrorismo yihadista, las falsas respuestas del populismo que encandilan a las sociedades atemorizadas y tantos otros, lo cierto es que no hay un espacio para el acuerdo internacional y los que existen evidencian su debilidad (la lucha contra el cambio climático, por ejemplo) o su segmentación e inoperancia (G-20). Las Naciones Unidas permanecen encapsuladas en una especie de referencia testimonial, pero su adaptación y conversión en una instancia global que propicie la adopción de acuerdos internacionales y que sirva para encauzar las crisis del presente y del futuro (los desplazados, las armas nucleares, los derechos humanos...) parece poco menos que impracticable.

Por eso el proyecto europeo, verdadero faro de las libertades individuales y del Estado del Bienestar, adquiere en este desorden una oportunidad y una relevancia indudables. El soft power (por ahora blando, pero con posibilidades reales de fortalecerse en el futuro) de la Unión debería convertirse en la verdadera punta de lanza de un liderazgo global basado en los valores. Su extensión a los espacios asiáticos desde el libre comercio y el respeto a las buenas prácticas democráticas tiene la exigencia ineludible de expandirse por el lado atlántico a la América Latina, con la que compartimos los españoles una lengua que hablamos más de 550 millones de personas en el mundo. La política –y la vida– operan desde el horror vacui y si el líder mundial ha decidido retirarse del campo de juego otros jugadores tendrán que ocupar su papel.

En esa Europa que bien pudiera contribuir a crear un nuevo orden internacional desde el caos –o el desorden– España debería tener un papel esencial, situada como se encuentra en el vértice entre Europa y el norte de África y con su natural proyección latinoamericana. Aunque para ello deberíamos ser capaces de construir un proyecto nacional, un relato sugestivo de país que nos permita aportar a esa refundada Europa nuestra propia forma de entender el futuro. Una España que no se diluya en Europa, por lo tanto.

Pero esa es materia para otro artículo.
cookie solution